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Un viaje en tren me regala una puesta de Sol magnífica, esos momentos en que la esfera de luz se va escondiendo tras las montañas que surcan el paisaje que va cambiando en cada momento tras los kilómetros de recorrido de una via que enlaza madrid y Alicante.
La mirada se encendía cuando se apagaba aquella imagen que ilumina los campos repletos del alimento que ha dejado en su caminar por las horas en que la luna se esconde en el horizonte que luego intercambia para dar luz a la noche oscura.
Terminó aquellos momentos en un abrir y cerrar de ojos, llevando la mente a la meditación de un silencio que me encierra en quien soy, en el ser humano que transporta un cuerpo de un lugar a otro a la distancia precisa para vivir los lugares que voy conociendo en cada mirada desde el asiento que mi propia vida ha elegido.
Miguel José
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